Estaba la familia reunida ante el féretro del padre, recién fallecido. El hijo menor dice:
- Ahora tendremos que hacer realidad la última voluntad de papá: ser enterrado con un millón de pesetas en el ataúd.
El hijo mediano añade:
- Sí, bueno... pero en realidad sólo pondremos 750.000 pesetas, porque hay que descontar el 25% de IRPF.
El hijo mayor apostilla:
- También tendremos que deducir el 16% de IVA...
La viuda tercia en la conversación de forma resolutiva:
- ¡Basta ya! Vuestro padre no merece estos regateos. Se le enterrará con la tarjeta de crédito.... y que él gaste cuánto quiera.
Enviado por fred
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Estaba un señor en un funeral, al lado del señor estaba la viuda y el señor le dice: Pensar que las ultimas palabras me las dijo a mí y la viuda pregunta: ¿Cuáles fueron? El señor le dice: No muevas la escalera.
Enviado por Anónimo
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En un velatorio, llega un borracho, con una caja de herramientas, se acerca al cajón y ve a la viuda, que le acomodaba la peluca a cada rato al difunto, se compadece, y le dice: Salga un momento y yo le arreglo el problema.
A los 10 minutos llama a los parientes, se acercan ven con asombro que no se le movía para nada el peluquín, y se dirigen al hombre y le dicen: ¡¡Muchas gracias!! ¿cuánto le debemos por este favor? y el les contesta, no es nada señora, por 4 clavos locos, ¿qué les voy a cobrar?
Enviado por Anónimo
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Un empleado al saber la noticia de que su patrón había muerto en un accidente en el trabajo, pregunta a sus compañeros quién le daría la triste noticia a su esposa. Al preguntarles, les indica que tienen que ser cuidadosos y sensibles al comunicar la mala nueva. Pepo, quien era graduado de sicología, se ofreció y rápidamente procedió a llamar a la esposa de su patrón:
Ring, ring, ring...
¿Bueno?
Hola, ¿se encuentra la señora Martínez?
Sí, ella le habla.
¡Usted acaba de ganarse 2 millones de dólares!
¡Cómo! ¿Pero cómo así?
Al convertirse hoy en viuda, la compañía de seguros de su difunto marido, acaba de recibir la autorización para emitir el pago.
¡No! ¡Dios mío!
¡Sí señora! ¡Ni yo mismo lo creo!
Enviado por Anónimo
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Un hombre de madura edad se acercaba, como de costumbre, a su kiosco para comprar el periódico, pero éste cuando lo compraba lo abría por la página de los carteles de fallecimientos, y le decía al kiosquero:
¡Que mala suerte! ¡Hoy no he salido!
Al día siguiente iba y decía lo mismo:
¡Que mala suerte! ¡Hoy no he salido!
Y así durante mucho tiempo. Al pasar los años ve el kiosquero que el tío no viene, y se dice a si mismo:
¡Vaya tela! ¡Toda la vida comprando el periódico, y para una vez que sale no lo compra!
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